Quizá Historias de Roma tiene mucho más de guía turística que sus títulos anteriores. Al menos en los primeros capítulos en los que Enric nos lleva de paseo por Piazza di Santa Chiara hasta el Panteón, uno de los monumentos históricos más admirados de la ciudad donde yacen los restos del pintor Rafael. Durante el recorrido, Enric hace una parada en la sastrería que confecciona el primer traje de los papas, el que se visten para salir al balcón tras su elección en el cónclave. Al parecer, según González, éstos tienen varias tallas y lo arreglarán un poco dependiendo del físico del elegido. Aunque el más conocido por confeccionar prendas para la iglesia es Emporio Ghezzi, que también decora. Aquí, los más religiosos (o fetichistas) hasta se pueden hacer con unos calcetines rojos de cardenal. Y, si en Nueva York nos desveló el mejor lugar para comer carne, en Italia no podría recomendarnos otra cosa que el mejor café del mundo, nombrado también así por el New York Times; nos sentamos a reponer fuerzas.
Y es que, quien visita Roma busca historia. De ahí a que la mayoría de los restaurantes de Largo Argentina quieran atribuirse el honor de que en su local fue donde Bruto apuñaló a Julio César. Cuánto hay de cierto en esto, la mitad. Sí fue en esa calle, aunque se desconoce el punto exacto. Quizá por ello, González nos advierte de que es muy posible que los italianos de aquella zona nos intenten encandilar asegurándonos que fue en su mismo restaurante. Por último, antes de llegar al Panteón de Agripa, hacemos parada en San Luigi dei Francesi para ver las pinturas de Caravaggio, no sin antes tener que meter una moneda que permite que éstas queden iluminadas.
Toda historia de una ciudad tiene su parte política. En Roma, además de descubrir por qué Berlusconi fue un hombre tan apoyado por los italianos, la influencia de Il Cavaliere, y hondar algo más en su pasado y su poder; tampoco podemos dejar pasar de largo la religión, que tantos años ha dominado a la ciudad. Los capítulos dedicados al gran negocio del Vaticano es, posblemente, uno de mis favoritos, ya que González nos repasa su historia, cómo abusaban de su poder y cómo se disolvieron los estados pontificios. Conoceremos algunos aspectos de este gran palacio que, quizá, los que no estamos tan metidos en el tema, desconocíamos. Como, por ejemplo, que Julio II ordenó destruir la iglesia de San Pedro para crear un palacio de mayores dimensiones que les permitieran obtener más poder mundial, la Basílica del Vaticano. De aquel negocio también surgió el Año Santo, que supuso el primer turismo masivo.
Todo ello sin olvidarnos de la mamma italiana, la gentileza de los romanos y de los gatos, aspectos muy visibles con sólo una primera toma de contacto con la ciudad o en el trato con italianos. El fútbol, o mejor dicho, la violencia futbolística entre el Roma y la Lacio, así como la influencia que tienen los ultras sobre éstos, tampoco pasa desapercibido para el autor, quien siempre finaliza sus historias con anécdotas deportivas interesantes hasta para los no futboleros.
Un libro lleno de curiosidades que nos permiten entender muchas cosas de un lugar repleto de belleza que hace que sus habitantes se rijan precisamente por lo «bello», que significa el bien. Otra obra maestra de la literatura de viajes que no conviene perderse, ya que con Enric González cualquier ciudad queda desnuda a los ojos del lector.
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